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12 de septiembre de 2021, cuento número 7, sigue

domingo 12 septiembre 2021

LOS INSECTOS DIABÓLICOS


 

A menos de dos kilómetros,

a tan mezquina distancia,

de los menguados insectos,

encontrábase la casa

que en feracísima huerta

esta familia ocupaba.

Una huerta que en pimientos

y naranjas abundaba,

en ajos y cebolletas,

en puerros y calabazas.

En guisantes y judías

y tirabeques tempranas.

Pues el trasvase del Ebro

las aguas suministraba,

limpias, tranquilas y dulces,

rientes, domesticadas.

Tan sólo con los nitratos

que Sanidad tolerara.

Nicolás "corregallinas",

al padre aquel lo llamaran;

a su consorte, "Facunda";

y a seis hijos sustentaban;

que no fueran sextillizos,

aunque por poco lo alcanzan.

De los churumbeles pongo

a continuación las gracias :

José Carlos, Enriqueta,

Magdalena y Nicolasa,

el Camilo y la Inocencia:

de tal modo los nombraban.

Inocencia, la pequeña,

quince meses ya contaba;

el Camilo era más viejo;

a los dos apuñalaban,

sin piedad por su ternura

ni clemencia por sus lágrimas.

Las abejas, en enjambre,

con los rejos se cebaban

en los blandos cuerpecillos,

sin que nadie lo evitara;

sin que nadie lo impidiera,

sin que auxilio les prestara.

Numerosas, varios cientos,

a la niña taladraban;

cual un Cristo en la potenza,

como un cristo la dejaban;

como un colador que cuela,

como criba que cribara.

La criatura infeliz

gritaba cual condenada,

con las quejas lastimeras

que el tormento le arrancaba;

mas desalmados los bichos

no dejaban de picarla.

Los lamentos de la pobre

a las piedras ablandaran.

Nadie estaba para oírlos;

sólo el viento la escuchaba;

más alguna pajarilla

que trinaba en la enramada.

¡Acudidme, oh, madre mía,

madre mía de mi alma!

Si no me acudís a tiempo,

rendiré pura mi alma;

pero es triste, tan pequeña,

fenecer y ya diñarla.

Si no habló de esa manera,

por lo menos lo pensaba;

que no impide la edad corta

tener las ideas largas.

¡Malhaya de las abejas

que a la niña maltrataban!

¡Que padezcáis de calambres

o de cáncer de garganta!

¡Que vuestros seres queridos

en edad mueran temprana!

¡Que se os malogren los hijos

y que alguno os salga rana!

Es lo que pide y desea

quien la maldad os proclama.

(Los insectos dieron muestras

de ser bestias inhumanas).

En las lindes de Dolores,

ábrese una atroz vaguada

donde en día de diluvio

fluye el agua desatada;

cuando el vientre de las nubes

empreñado se despacha.

Justamente en ese sitio,

que es camino de las aguas,

los consortes de este cuento

instalaran la morada.

(No padece de sequía,

la pareja, cuando hay agua.

Son los pobres muy sensatos;

siempre dan en la diana.)

Una casa vieja y rota,

un poco descangallada,

con la pared de unas puertas

en la basura encontradas,

con los tabiques de plástico,

con el tejado de chapa.

Era regalo del hombre

que a la niña apadrinara,

uno que en Suiza estuvo

y trabajó en Alemania,

cuando el milagro alemán

lo exigiera y demandara.

Aunque pobres, estas gentes

no lo son como las ratas;

mas el cava no conocen,

tampoco el salmón en lata.

Los visitó la desdicha,

para colmo de desgracias.

 

Termina la primera parte de este cuento. Tomemos un descanso y aguardemos la siguiente, que de seguro será amena divertida.

 

 






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