Pensamientos

Escribo aquí acerca de todo lo que se me ocurre

 

23 de febrero de 2021, romance del rey moro frente a Valencia

martes 23 febrero 2021

   —¡Oh Valencia, oh Valencia! —¡Esa ciudad tan nombrada

que hace la tira de siglos —el Campeador conquistara!

El Cid del cantar de gesta, —figura tan exaltada

cuando el maestro de escuela —cllases de Historia nos daba. .

El que a Alfonso exigiera —jurara en santa Águeda

ser inocente del crimen —que hasta el trono lo elevara,

la muerte junto a Zamora —posesión de doña Urraca,

del rey don Sancho II —el hijo de doña Sancha

que con su esposo Fernando —sobre León gobernara..

Lo que al decir de la Historia —es solo leyenda falsa

pues no hubo juramento —en esa iglesia mentada

y nunca el Cid exigiera —a nadie cuentas de nada.

Mas vuelvo a hablar de Valencia —la ciudad de las naranjas

por esa fruta que crece —a placer en la comarca. 

Un tiempo fuiste de moros —te hiciste después cristiana,

-sigue diciendo el rey moro —que ora tiene la palabra-;

no pasarás mucho tiempo —en esas manos profanas,

pues de los moros serás —de nuevo reconquistada

y al rey de los cristianos —le tiraré de las barbas

como se dice que hizo —de tal modo profanándola,

un judío con la momia —que del Cid se conservara,

Y tomaré a su esposa —por sierva mía y criada,

y de su hija más joven —haré mi primera dama.

Mas quiso el Dios de los cielos —que nuestro rey lo escuchara

y sin perder un momento —fuera en busca de la infanta

que  inconsciente en el lecho —a su placer dormitaba;

—¡Hija de mi corazón, — tesoro de mis entrañas!

¡Mira que nos la jugamos —si al punto no te alzas

y dejas para más tarde —lo que sin duda soñabas!

Levántate diligente —y ponte ropa de Pascua

porque parezcas más bella —y en tus redes todos caigan;

preséntate ante el rey moro —y entretenlo con palabras;

cuéntale lo que quieras, —lo que importa es darle largas

mientras maquino qué hacer —en estas horas aciagas.

Obedeció aquella hija, —hizo lo que le mandaban,

se puso un vestido nuevo —que más que bien le quedaba,

al cuello un collar de perlas —que la tez le realzaba

y tras pintarse los labios —y darse crema en la cara

y ponerse los pendientes —que alguien le regalara,

bajó a donde aquel moro —con impaciencia esperaba.

—¿Me dirías, buena niña, —a qué se debe tu estampa

tan primorosa y tan linda, —tan bella y acicalada?

Pareces como la Aurora —cuando el día se levanta.

—Os agradezco, rey moro, —esas vuestras alabanzas,

son palabras de lisonja, —vedme aquí ruborizada.

Por otra parte, mi padre —ausente está en la batalla

que está teniendo lugar —en la vecina comarca;

mis hermanos lo han seguido, —mi madre al lecho descansa,

sola pues me han dejado —a que vigile la casa.

—¿Me dirías, buena niña, —qué ruido es que sonaba?

—Son los pajes de mi padre —que al caballo dan cebada.

—¿Me dirías, buena niña, —adónde van tantas armas?

—Son los pajes de mi padre —que vienen de la campaña.

Entre unas cosas y otras —el tiempo ocioso pasaba

y sin que se diera cuenta —al rey moro lo apresaban:

—¿Me dirías, buena niña, —qué pena me será dada?

—La que se da a un perro moro —de la fe mahometana,

te quemarán en la hoguera —sin que los gritos te valgan,

y las cenizas que queden —serán al mar arrojadas.

¡Ay de quien cree a mujeres —son mentirosas y falsas!

se dedujera de ésta —y otras antiguas fábulas.

Según los libros hebreos —mató Jael a Sisara

al que primero acogiera —y las heridas curara

que los hebreos le hicieran —en una infausta jornada.

Sin olvidar a Sansón —a quien Dalila delata.

Y el asirio Holofernes —con quien la Judith acaba

degollándolo en el lecho —tras la amorosa batalla.

Abunda el Libro Santo —en estas tristes hazañas.

Mujeres fuertes, fatales, —que con los hombres se ensañan.

 

Yael, la heroína bíblica que para salvar a Israel de las tropas de Jabín rey de Canaán mata a Sisara clavándole una estaca en la cabeza.

Sísara mandaba novecientos carros con hoces de hierro y oprimió a los israelitas durante veinte años. La profetisa Débora persuadió a Barac para que enfrentara a Sísara en una batalla; ambos, con un ejército de diez mil hombres, lo derrotaron. «Desde los cielos combatieron las estrellas, desde sus órbitas combatieron contra Sísara». Luego hubo paz durante cuarenta años. ​

Tras haber perdido la batalla, Sísara huyó agotado hasta la tienda de Jéber el quenita, cuya esposa, Yael, lo recibe, lo acoge con fingida hospitalidad, le da leche, promete ocultarlo y vigilar y lo cubre con una manta, pero una vez dormido le clava en la sien una estaca que lo traspasa de parte a parte hasta hincarse en el suelo.

El profeta Samuel afirma que Dios castigó la desobediencia de su pueblo poniéndolo en manos de Sísara: «Pero ellos olvidaron a Yahvé, su Dios, y él los entregó a Sísara, jefe del ejército de Jasor, a los filisteos y al rey de Moab, que combatieron contra ellos».​

Judit, una bella viuda judía de la que se prenda Holofernes, el general asirio que está a punto de destruir la ciudad de Betulia, entra con él en su tienda y, aprovechándose de que ha quedado inconsciente por haber bebido en exceso, lo decapita con su propia espada y huye llevándose la cabeza en una cesta, bolsa o alforja. 

Dalila entrega a Sansón a sus enemigos igualmente tras hacerle creer que lo ama.

 






los comentarios han sido deshabilitados.

Calendario

« febrero 2021 »
lunmarmiéjueviesábdom
1
5
6
8
10
11
12
13
16
18
26
       
       
hoy

Enlaces

Feeds