4 de septiembre de 2020, romance de Carlos Ghons

 El Carlos Ghons ha huido—el Carlos Ghons ha escapado

de la cárcel del Japón—donde estaba confinado.
¿Confinado? Maticemos—estaba a la vista guardado.
Once millones de dólares—la fianza que ha pagado,

una pequeña fortuna—para cualquier desgraciado,
no para él, no obstante; —no para él, sin embargo,
rico como lo fuera Creso—más que eso, millonario.
Unos dicen, con su esfuerzo, — ha los millones ganado;
otros, que con sus manejos—los ha más bien defraudado
a las empresas de coches—que lo habían contratado.
De la francesa Renault—es principal empleado,

si así se puede llamar—al que corta el bacalao,

teje y desteje a su antojo—sin jamás irle a la mano.

La japonesa Nissan—también lo había llamado
para a flote reponerla—la quiebra casi rozando.
Dicen que los japoneses—lo habían idealizado
como un ser milagroso —como alguien que fuera un mago,
pese a que por millares—los había licenciado

para sanear la empresa—que se había arruinado

debido a los errores—de dirigentes inaptos.
Ningún escrúpulo tuvo—fue y cortó por lo sano,

puesto en la calle, el obrero—quedó mano sobre mano,

sin que a nadie le importara—ni dejar un hueso sano;

es la globalización, —así se había disculpado,

si es que piden disculpas —de hierro los cirujanos

que cortan y sajan las carnes—del infeliz proletario.
Son las cosas de este modo, —no nos queda que aceptarlo,

dicen los que manejan—de este mundo el cotarro;

es lo que dice el que manda—y tiene dura la mano

y no le duelen prendas—si es preciso y obligado.

Dicen que en Francia pidió—un aumento de salario

ya de por sí monstruoso—sin vergüenza ni recato,

lo que le supo muy mal—al del asunto encargado.

Parte del capital—está en manos del estado;

hay que advertir a este hombre—dijeron los funcionarios,

de que el pasarse de rosca—no era admisible ni humano.

Dicen también que en las cuentas—de la Nissan metió mano,

que es culpable de robo—malversación y desfalco.

— ¿Quién se ha creído que es? —se dijeron, alarmados,

los mismos que en apuros—lo habían contratado.

Este payaso de mierda— ¿nos toma por unos pazguatos?

¡Que se vaya a freír leches—y a otros dé el cambiazo!

pensaron aquellas gentes—un tantico desbordados,

hartos de sus abusos—desvergüenza y desacato.

Dicen que desvió fondos—para sus propios gastos;

que se compró una mansión—y un avión privado

con dineros de la empresa—que lo había contratado.

Los jefes de la Nissan—de su paciencia al cabo,

unánimes decidieron—tomar cartas en la mano

y acabar de una vez—con aquel hombre insensato.

Cuando una noche a Tokio—llegaba en su jet privado

los policías de turno—le interceptaron el paso,

lo detuvieron de golpe—y en la cárcel lo internaron,

Luego un proceso le abrieron—ante el juez lo llevaron,

se quejó de las prisiones—dijo que lo maltrataron,

pagó la fianza impuesta—en libertad lo dejaron

bajo vigilancia estricta—todo el día controlado,

hasta que una mañana—a sus guardianes burlando

se evadió de la casa—y voló inmolestado

hasta Turquía primero—y desde allí al Líbano,

que lo acogió sin problemas—porque es de allí ciudadano.

Por el momento al menos—no pasa ningún cuidado.

Dicen que se escapó—a todo el mundo engañando,

en el estuche o maleta—de un vulgar contrabajo

sin que ningún aduanero—tratara de darle el alto.

Evasión rocambolesca—tal la han etiquetado

los media de todo el mundo—que sobre él se han lanzado

cual sobre su presa un perro—o de un relámpago el rayo,

ávidos de noticias—de confusión y escándalo,

que así ganan audiencia—entre los ciudadanos;

para saber pormenores—de aquel tan raro caso,

de un criminal que se evade—a todo el mundo dejando

con un palmo de narices— confuso y desorientado.

Ha causado el personaje—un gran revuelo mediático,

nadie acaba de creérselo—que salga tan bien librado

un delincuente parejo—inteligente y osado

aunque sobre la cabeza—le pendan tan graves cargos.

El gobierno del Japón—la orden ya ha lanzado

de extradición do se encuentre, —sea cual sea el Estado;

mas todo el mundo ya sabe—que las cosas de palacio

no se resuelven de un golpe—menos aun de un plumazo,

un largo tiempo requieren, —suelen por contra ir despacio.






Enviar un comentario

nombre:
correo electrónico:
url:
Su comentario:

sintaxis html: deshabilitado