Pensamientos

Escribo aquí acerca de todo lo que se me ocurre

 

5 de abril de 2021, Jesús se aparece a los discípulos camino de Emaús

lunes 05 abril 2021

 Eran los días siguientes —a aquel domingo de Pascua

en que Jesús Nazareno —de entre los muertos se alzaba,

según dijeron más tarde —quienes lo divinizaran

haciéndolo Hijo del Dios —al que Yahvé se llamaba;

pese a los datos históricos —que tal versión no apoyaban

como afirmaron algunos —que aquel asunto estudiaran.

¡No nos la darán con queso! — ¡A otro con esa fábula!

Para esta incrédula gente —ningún Yahvé lo engendrara

por obra de un santo Espíritu —que de la manga sacaran

los que en hacerlo divino —con terquedad no cejaban.

Pero regreso al relato —y reanudo la trama.

Dos de aquellos discípulos —que a Jesús acompañaran

cuando allá por Galilea —su doctrina predicaba,

iban andando aquel día —a una aldea lejana

que se llamaba Emaús —y al parecer se encontraba

a unos sesenta estadios —de Jerusalén la santa. 

Iban hablando entre ellos —al tiempo que caminaban

de todas aquellas cosas —que aquellos días pasaran

en la ciudad de David, —que así también se llamaba. 

Y mientras iban hablando —y con ardor se empeñaban

en lo que iban diciendo —y que al alma les tocaba

uno se les acercó —y preguntó si importaba

que caminara con ellos —para aliviar la jornada. 

De buen grado consintieron  —en lo que él les rogaba

de modo que prosiguieron —en santo amor y compaña.

Era Jesús aquel hombre —que en su paso se cruzara,

pero los ojos de ellos —ciegos y torpes estaban

porque Yahvé lo quería, —porque Yahvé lo mandaba

y así no lo conocieron. —Y él les dijo: ¿Qué pláticas

traíais entre vosotros —que tanto ardor suscitaban?

Os noto tristes también. —Decidme, pues, lo que os pasa. 

Se adelantó Cleofás, —aquel que así se llamaba,

para decir de inmediato —¿Pero por dónde tú andabas?

¿No sabes que en Jerusalén —hoy solamente se habla

de aquel a quien han matado —en una cruz por infamia

y que ha vuelto a la vida —si lo que dicen no engaña? 

Entonces les dijo él —como quien cae de la rama

de un árbol al que subido —no sabe de qué se trata.

Soy forastero en la urbe, —eso explica mi ignorancia 

Y ellos le respondieron: —Del  nazareno se trata,

que fue varón de virtudes —y su visión propagaba

hablando en las sinagogas —calles, mercados y plazas

de que el reino de Dios —cerca de llegar estaba

para acabar con el caos —que en estas partes reinaba; 

no lo pudieron sufrir —porque los amenazaba

los sacerdotes del templo —que todo lo gobernaban

de modo que lo juzgaron —y al gobernador sacaran

que lo condenase a muerte — y de una cruz lo colgaran. 

Esperábamos nosotros —que fuera aquel que anunciara

Isaías, el profeta, —cuando habló de la llegada

de un mesías redentor —que a Israel liberara

de la opresión extranjera —que hasta hoy nos aplasta;

Ya han pasado tres días —y todo está como estaba,

lo que nos tiene confusos; —se acabó nuestra esperanza. 

Aunque por otro lado —también la atención nos llama

lo que se cuenta que han dicho —unas mujeres de tantas

que cuando nacía el día — al sepulcro se acercaran

y que no hallaron su cuerpo, —y a la ciudad regresaran

para decir que unos ángeles —ante ellas se presentaran

para decirles que vive —aquel al que buscaban. 

Con lo que fueron algunos —a ver si lo confirmaban

y hallaron que era cierto —lo que ellas les contaran

pero a él no lo vieron;  —ellas, las afortunadas. 

Entonces les dijo él: —¡Gente que sois insensata

y tardos de corazón —para creer lo que hace falta! 

¿No era preciso que el Cristo —por todo esto pasara,

que padeciera en la cruz —y luego en su gloria entrara? 

Y comenzando en Moisés —la lista les desgranara

de los profetas innúmeros —que la Escritura poblaban. 

—¡Mira que te sois pazguatos! —¡Ya la paciencia me falta!

¡Una estulticia pareja —que a describir no se alcanza!

¿Acaso ya de profetas, —aquella nutrida panda

no lo habían anunciado —con insistencia que harta?

Pues sí que era un coloquio —y entretenida una charla

para irla desgranando —a medida que se andaba.

Aquel discurso pesado —hasta a los muertos hastiara,

pues cuanto más a los vivos —que pacientes lo escuchaban.

Llegaron pues a la aldea —adonde se encaminaban,

y él fingió que negocios —más lejos lo esperaban. 

Mas ellos tercos le pedían —que algo más se quedara

porque ya tarde se hacía —y la compaña era grata.

Estuvo de acuerdo él —en retrasarse en la marcha. 

Se sentaron a la mesa —una vez en la posada

para tomar un bocado —y hacer una breve pausa

y estando allí sentados —sin inquietarse por nada,

él tomó el pan en las manos —y pronunció unas palabras

de alabanzas a Dios —por sus mercedes y gracias,

lo bendijo, lo partió —y quiso que lo probaran.
 
Con este gesto sencillo —dijo de quien se trataba,

de los ojos  les cayeron —las anteriores escamas

y ya no les cupo duda —de quien allí se sentaba,

mas él se ocultó a su vista —y se esfumó como en nada.
 
Y el uno al otro se decían: —con razón lo sospechaba

el corazón que latía —de manera acelerada

en nuestro pecho —mientras él nos hablaba

de lo que en las Escrituras —con claridad figuraba.
 
Y sin tardar un instante —a una se levantaran

y deshicieron camino —porque los dos deseaban

volver a Jerusalén —para contar su jornada,

y hallaron allí a los once —juntos en una estancia

y a los que estaban con ellos —y que todos comentaban:

Ved que el Señor ha vuelto —de la tumba en donde estaba,

y ha aparecido a Simón; —le demos a Dios las gracias. 

Animados por aquello, —ellos entonces contaban

las peripecias vividas —cuando los tres caminaban

y que lo habían descubierto —cuando el pan comulgaban. 

 






los comentarios han sido deshabilitados.

Calendario

« abril 2021 »
lunmarmiéjueviesábdom
   
6
7
26
  
       
hoy

Enlaces

Feeds