8 de septiembre de 2020, Romance de Franz Jägerstätter

 Hubo una vez en el mundo —dos dictaduras nefastas,

Una, la de Mussolini —la otra la de Alemania,

Del fascismo la primera —de los nazis la germana.
Intolerantes las dos —la disensión no aceptaban:
¡Ay de los contradictores! —Con la vida lo pagaban.

Tal fue el caso de un joven —al que cristiano educaran.

Nació cerca de Salzburgo—en una aldea de Austria
cerca también de Braunau —cuna del Führer austriaca.

Su madre era campesina, —lo tuvo sin estar casada.

Murió su padre en la Guerra, —la abuela lo criara.

Vivió después con la madre —que al tiempo ya desposara

al que ahora era el padrastro —y que sin más lo adoptara.
Han contado que era un joven —que fácilmente se airaba.
Le hizo un hijo a una moza —con la que no se casara,

repitiendo así la historia —de su madre infortunada;
en aquel tiempo en Europa —la cosa no era tan rara

como lo ha sido más tarde —y las costumbres más laxas,

del mismo Führer la abuela —fuera una madre incasada. 

Más tarde ya se casó —tal como la Iglesia manda

y fue en viaje de novios —a Roma, la Ciudad Santa

donde se hizo católico —su fe, a prueba de bala.
Cuando en Austria se votó—la anexión a Alemania.
de sus vecinos fue el único—que no quería aceptarla.
Ya comenzada la guerra, —ir a filas le tocaba.
pero objetor de conciencia —se declaró ya de entrada;
sus vecinos arguyeron —más útil sería en casa.
De nuevo en el 43, —las cosas yendo mal dadas

para aquel Tercero Reich —cuyo ocaso se anunciaba,
lo convocaron de nuevo —para el servicio de armas.
La fe no le permitía, —dijo a quienes lo llamaran,

ir a matar a quien fuera, —como Moisés lo vetara;

sólo iría de enfermero; —su petición denegaran;
Como insistiera en negarse, —y el brazo a torcer no daba,
lo llevaron a Berlín, —para que allí lo juzgaran;
Juzgado y torturado —sin que él se apeara
de su decisión primera —de aquel burro que montaba.
lo condenaron a muerte —la sentencia ejecutaran

cortándole la cabeza —en guillotina atrasada.
Pasaron luego los años —sin que nadie hiciera nada

por sacarlo del olvido —y devolverle la fama

hasta que un día reciente —en un libro publicaran

la historia de aquel muchacho —que de su fe firme y clara

no quisiera renegar —aunque la vida le costara.

A comienzos de este siglo —lo beatificó el Papa.
Aún están vivas su esposa, —que ya es nonagenaria,
y las tres hijas que tuvo —mientras en paz lo dejaran.

La más pequeña tenía —seis años cuando lo mataran.

Heroicas tales conductas —a comprender no se alcanza,

La gente, en su mayoría —hace lo que le mandan,

No tiene criterio propio, —va donde va la manada.

Los hay que no se doblegan —a terror, muerte y amenazas

y caminan hasta el fin —con la cabeza bien alta.

Difíciles son de entender —tales conductas extrañas.




Comentarios

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enviado por IB RECURITMENT el 08 septiembre 2020 a las 07:30 AM CEST
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