Pensamientos

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15 de febrero de 2021, Romance ¡Arriba, canes, arriba!

lunes 15 febrero 2021

 — ¡Arriba, canes, arriba — y que la rabia vos mate!

En jueves matáis el puerco —y en viernes coméis la carne,

así decían los ancestros —que a sabios no gana nadie.

¡Se cumplen hoy siete años —que ando por este valle

sin rumbo que me dirija —ni meta que me guiare!

Descalzos traigo los pies, —las uñas, manando sangre,

pues los zapatos, gastados, —estaban para el arrastre

y donde comprarme otros —no había cerca a mi alcance,

que en despoblado me muevo —y soy caballero errante.

Me alimento de hierbas —y como cruda la carne,

cuando me aprieta la sed —bebo de los manantiales

que bajan de las montañas —tan puros como cristales,

quiero decir cristalinos, —sin ningún contaminante,

que la polución es cosa —de tiempos más adelante.

También como del producto —de los árboles frutales

que por acaso me encuentro —al vaivén de mis andares,

cualquier cosa comestible —y lo demás que apañare,

raíces, troncos, tubérculos, —y lo que a mi encuentro sale,

buscando triste a Juliana —mi tierna y querida amante,

de mis pupilas la estrella —y de mis sueños realce;

me la tomaron los moros —¡mala centella los mate!

una mañana de mayo —el mes de todas las madres,

cuando cogía las rosas —en un vergel de su padre

despreocupada, inconsciente —ajena a cualquier percance.

Mas la desgracia sucede —en un imprevisto instante.

Oídolo ha Juliana, —que en brazos del moro yace

en el castillo do mora —desde aquel luctuoso lance;

se le conmueven los tuétanos —y hasta le tiemblan las carnes

ante el acento amoroso —del que expresarse así sabe,

porque no basta el sentir, —hay que decirlo si cabe.

No solo se ha estremecido —ante el dolor de su amante,

sino  que rompe a llorar —cual nunca lo hiciera antes;

derrama ríos de lágrimas —es un puro disparate

hasta tal punto que el flujo —desborda todos los márgenes

y cual torrente en el monte —moja del moro el visaje.

Sobresaltado despierta — creyendo que el diluvio cae,

pero son sólo las lágrimas —de su concubina amante.

—¿Qué os sucede, señora? —¿A qué viene ese derrame

de tan copiosas lágrimas? —Menudo ha de ser el trance

en que os halláis, mi querida, —que no os asuste el mojarme.

Otro cualquiera que fuera —de esta ocurrencia el causante

ya su cabeza estuviera —en la pica de un  infante

y de mis villas y pueblos —paseara por las calles.

Espero tengáis razones —buenas y justificantes

que expliquen este suceso —tan raro y despampanante.

Allí veréis a la moza —que se esfuerza en excusarse

pues ella misma no entiende —un trastorno semejante.

Nunca parejo le diera —que en fuerza se asemejase

por lo que un tanto confusa —no acertaba a expresarse.

—Moro de mis entretelas, —hijo de tu señor padre,

el don de lágrimas tengo —cual tantos tenían antes

cuando los santos solían —andar por aquestas partes

y eran señal de virtud —y santidad singulares

por las que muchos sujetos —subían a los altares.

—¡Menuda historia me cuentas! —¡Lo que dices es un pasme!

Fantasía no te falta —y sabes bien disculparte,

mas necesito otra cosa —que mejor explique el trance,

algo que sea creíble —y no un puro disparate.

Vamos, mujer, espabila, —aviva el seso al instante

si no quieres que al verdugo —sin más dilaciones llame

porque te enseñe maneras —y a mejor comportarte.

Ya se quedó sin palabras —aquella moza improbable

y sin saber que decir —rindióse a lo inevitable,

que le aplicaran tormento —o la echaran a la calle

con lo poco que tenía —en un cofre miserable

producto de sus ahorros —tras muchos años de agarre.

Aquí termina esta historia —y finaliza el romance

de aquel lío amoroso —que comenzara una tarde

en un lugar apartado —cerca del puente de Rande

que ampliaron los obreros —tan solo unos meses hace.

 






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